El exdirector de la Administración Nacional de Puertos, Fernando Puntigliano, habló del nuevo escenario tras la asunción de Macri.
Fernando Puntigliano cambia de trabajo, y de área, cada cuatro o cinco años. «Eso me permite refrescar mi cabeza», declaró. En 1988 viajó a Alemania, donde trabajó como investigador en hidrodinámica. Luego pasó a la compañía de motores Man, que lo llevó a involucrarse en el desarrollo del Airbus A380, el avión de pasajeros más grande del mundo.

En 2005 el inesperado llamado del ministro de Transporte, Víctor Rossi para ofrecerle la dirección de la Administración Nacional de Puertos (ANP), le hizo retornar al país: «Le dije que me encantaba la ANP pero para mí lo fuerte era la gestión y que lo político partidario lo manejara él». En 2009 renunció porque era año electoral, y la actividad «se frenaba». «Es un año perdido», aseguró.

Su retorno al sector privado lo puso en el ojo público: asumió como gerente general de Aratirí, el proyecto de megaminería del Grupo Zamin Ferrous que preveía una inversión de US$ 2.770 millones para extraer 18 millones de toneladas de hierro por año.

Según Puntigliano, la Ley de Minería de Gran Porte hizo «inviable» el proyecto, al gravar con impuestos la minería metálica. Allí abandonó Aratirí y tras un pasaje por una inversión de Zamin Ferrous en Brasil, dejó la compañía.

Este año, y tras ejercer como profesor en la Católica, asumió como director ejecutivo del operador portuario y logístico Utilaje, compañía que mueve el 80% de la carga de los parques eólicos en Uruguay.

Tras el anuncio del novel gobierno de Mauricio Macri de poner fin a las declaraciones anticipadas de importación –principal obstáculo para que los exportadores locales hagan negocios con argentina-, el ex director de ANP y actual de Utilaje habla de cómo espera que evolucione el comercio con el vecino país, con el que todavía pesan restricciones para que las cargas de exportación no hagan trasbordo en el puerto de Montevideo.

¿Las medidas proteccionistas han afectado a los operadores?
Para los operadores de contenedores estos años fueron difíciles. El cambio de gobierno en Argentina va a traer una liberación, que si bien se va a dar rápidamente, no va a ser automático que los contenedores vuelvan a Uruguay. La fruta de San Antonio (Argentina) ya se acostumbró a ir a Río Grande (Brasil),: ya hay un camino que está funcionando. La reconquista de lo perdido implica una proactividad del sector público y privado de forma mancomunada.

No va a venir automáticamente porque ya hay una cadena logísticas creada. Tenemos que demostrar que somos mejores.

En los últimos días hubo un acercamiento con exportadores y operadores de argentina. A mí me contactaron por haber sido director de ANP y por dirigir ahora un operador logístico portuario.

Ya desde la ANP, usted insistió en que Uruguay sea un centro logístico. ¿Qué considera que falta?
Uruguay ya es un centro logístico, pero si se queda quieto puede dejar de serlo. Tenemos la ventaja de ser un país pequeño, móvil y bien posicionado. Además la ley de puerto, que tenemos que agradecerle a (el presidente Luis Alberto) Lacalle posicionó al país de muy buena forma.

Es posible que argentina entre en una dinámica mayor que le permita posicionarse inteligentemente a nivel portuario y que deje de competir por proteccionismo y vaya por excelencia. Argentina está bien ubicada.

¿Entonces el gobierno de Mauricio Macri también puede ser una alerta amarilla para Uruguay?

Hay que estar atento a ver si existe la intención de crear una ley de puertos similar a la que tenemos aquí. Una de las ventajas logísticas de Uruguay es porque es un país distinto. Acá está la inteligencia del sector logístico uruguayo para ser un observatorio del desarrollo infraestructural, de las políticas, estar siempre activo y previniendo situaciones que van a pasar.

¿Qué debe hacer Uruguay?
Un ejercicio prospectivo que nos permita observar lo que pasa la región. Desde que uno piensa la infraestructura hasta que la tiene operando pasan unos 10 años. Pueden pasar seis, si lo hace el sector privado, o incluso cuatro como pasó con la Terminal de Colonia.

Si uno de estos ejercicios nos dice que debemos tener una terminal de aguas profundas, cosa que yo estoy convencido, pensar que se va a construir en dos o tres años es una ilusión.

Fuente:http://www.elobservador.com.uy/uruguay-es-un-centro-logistico-pero-puede-dejar-serlo-n707577